No soy buena cumpliendo mis promesas, así que fue hasta el pasado miércoles, casi un año y medio después, que pude -por fin- ver esta cinta alemana. Formalmente, la película es un largometraje de impecable manufactura: recrea los últimos años del régimen socialista en Alemania Oriental, la ideología del Partido; las frías cabezas al frente Stasi, la policía secreta…todo envuelto en una ambientación de solemne austeridad. Por supuesto, hay grandes actuaciones, y en general, estamos hablando de que Florian Henckel von Donnersmarck, el director, se convirtió en un referente del cine alemán contemporáneocon este primer trabajo.
El argumento gira en torno a la persecución de los círculos intelectuales de Berlín, unos años antes de la caída del Muro, y se enfoca en la vida del dramaturgo Georg Greyman, su pareja la impredecible actriz Christa- Maria Sieland, amigos y conocidos, quienes tratan de mantener su libertad por medio de una rebelión callada: escriben, leen, conversan, crean. Sus “sospechosas” actividades los hacen víctimas de un espionaje feroz. Así es como el oficial Gerd Wiesler, a través de micrófonos secretos puestos en el departamento de Greyman, escucha lo que día y noche pasa entre esas paredes.
La belleza de La vida de los otros, sin embargo, no radica exclusivamente en su lenguaje visual ni en los vericuetos por los que transita la historia. Lo más hermoso de esta película es la idea que sostiene: el arte puede convertirse en el detonante para la transformación del alma humana, en un catalizador de la intolerancia y los prejuicios más absurdos. La exposición de Wiesler a la sensibilidad creadora de Greyman y colegas, define el rumbo y las decisiones que han de ser tomadas para la resolución de la historia.
Y todo se resume a las palabras de Greyman cuando se sienta al piano a tocar la Sonata para un buen hombre, después del suicidio de uno de sus mejores y entrañables amigos:
“Alguien que escuche, que realmente escuche esta música, no puede ser malo”.
Y yo que a veces pienso que como seres humanos estamos deshauciados...no estaría mal tener un poco de fe en mis congéneres.
Nota: agradezco las atenciones brindadas por Darinte para la visualización de esta película, robo de la televisión de su primo y preparación de helado flotante incluidas. Ah! y además esta película me recordó lo mucho que quiero aprender alemán.
